Son casi las 12,30 del día 19 de julio de 1808. El General Dupont, herido en
el último intento de romper las líneas españolas, ha visto como ni los
coraceros, del desdichado Dupré, ni los gloriosos marinos de la Guardia
Imperial, han conseguido progresar apenas hasta unos 50 pasos de los
defensores, y tocar las bocas de los cañones que les martirizan
inmisericordemente. Con 40 grados y el sol en todo su esplendor, el
sufrimiento es insoportable y, sus tropas, sedientas y exhaustas, aparecen
desperdigadas por los olivares
en busca de sombra y descanso, sin que los oficiales consigan devolverlos a
las formaciones.
¿Cómo ha podido llegarse a esto?, ¿porqué Vedel dejó desguarnecido el
pueblo?, y, peor aún, ¿porqué tarda tanto en acudir en su auxilio?. Por el
camino de Andújar se divisan las primeras unidades de la Tercera División
española del General De la Peña. Y, mientras tanto, en el pueblo, cortando
sus líneas, Reding ha conseguido desbaratar todos sus esfuerzos desde el
amanecer.
En Bailén, un remoto pueblo de la provincia de Jaén, tan solo un diminuto
punto en sus mapas de operaciones para controlar Andalucía, las águilas
imperiales vencedoras en Austerlitz, Eylau y Friedland vieron
cercenado su vuelo un día de calor, polvo y sed.

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